Frente a la cantidad de atropellos, abusos e injusticias que soportamos a diario, debido a las imposiciones de los más poderosos, empresas de todo tipo de servicios, tanto en el ámbito público como privado; quisiera transmitir estas ideas que nos dejó un gran sabio y pensador del siglo XIII, Tomás de Aquino.
La postura de Tomás de Aquino (1224-1274), en el tratado de teología, la Suma Teológica, sobre la «ira virtuosa», argumenta que la irritación moderada por la razón ante la injusticia es una obligación moral para encontrar la justicia, mientras que la apatía ante el mal es inmoral.
La irritación no es básicamente mala. Es honesta cuando es templada por la razón y encuentra corregir una injusticia.
La pasividad es el verdadero vicio: No indignarse cuando se debe, ante una ilegalidad, manifiesta una carencia de ímpetu por la moralidad, a esto, Aquino lo considera un vicio.
La intención legítima de la irritación es el bien de la justicia, no la venganza personal.
Todas las ideas expuestas deberían remover a nuestra sociedad, este es el fin. Nuestra ciudadanía manejada al antojo de los que dirigen este gran teatro del mundo, la vida escenificada de las personas; sin que el individuo pueda afrontar libremente sus derechos, su dignidad.
