Escuchar a Triana es como mezclar a Led Zeppelin con Pink Floyd, King Crimson, Manolo Caracol y Camarón. Así, todo junto: psicodelia, rock y flamenco. Cincuenta años después parece fácil decirlo, pero es que aquello no existía —aunque no fueran ellos los únicos ni los primeros—. En cualquier caso, y ante todo, Triana es un placer para los sentidos y su primer disco, El Patio, un hito musical.
Por cierto, hablando de Camarón, yo juraría que no existiría La leyenda del tiempo (1979) si Triana no hubiera hecho este disco en 1975; que, otra vez “por cierto”, nadie sabe si se llama así porque en la portada —el patio de una casa andaluza— solo aparece “Triana”. Me apunto el disco de Camarón, deseando hincarle el diente.
Tengo El Patio en vinilo desde hace mucho tiempo, pero ahora escucho en mis cascos la edición 50 aniversario. No me gustan las remezclas y remasterizaciones en general, y no sé si le gustarían las que se han hecho aquí a Jesús de la Rosa, su cantante y compositor, pero lo que es un acierto indiscutible de esta edición es haber incluido entre los cortes algunos comentarios de los protagonistas, rescatados de las cintas originales. Irremediablemente se me ha erizado todo lo erizable (idiota que es uno) al escucharlos conciliar entre ellos la entrada a tiempo en Abre la puerta, canción de diez minutos que abre el disco. Y me río solo al pensar en la estupefacción del personal de la época ante semejante locura de guitarras flamencas y españolas marca Eduardo Rodríguez Rodway, baterías sincopadas, melodías sureñas, sintetizadores, bajos y guitarras eléctricas y esa voz grave y desmayada de De la Rosa, llenándolo todo en cada tema. La canción anti-single perfecta.
Hay un momento maravilloso, casi en el minuto ocho: el redoble en timbales de “Tele” (Juan José Palacios). Aquí se para el mundo, y la magia está en que el mítico batería y percusionista de la banda interpreta en su instrumento el arreglo de guitarra de la canción y los acordes de la misma. Los timbales están afinados en las notas de unos y otros, y cuando escuchas el redoble estás escuchando la canción entera: su melodía y sus arreglos. Y eso es magia pura —te lo dice un humilde baterista—. Cuarenta segundos gloriosos, de una complejidad técnica tremenda, rematados por la banda entrando a todo trapo para un final de un minuto y medio que te deja sin respiración.
Hola, somos TRIANA.
Y podría acabar perfectamente aquí este artículo, pero es que quedan seis temas. Y quedan solo seis porque, con la media de duración de sus composiciones, no cabían más en un vinilo de 1975.
Tras el hachazo de Abre la puerta, te dan un respiro en Luminosa mañana, pero un respiro pequeño, en un compás ternario lleno de acordes flamencos que, sin embargo, suena a Pink Floyd… ¿y eso cómo puede ser? Pues eso mismo me pregunto yo, pero es. Y en ese mismo aire camina Recuerdos de una noche, con un sintetizador y un bajo distorsionados que debían espantar a las señoras de Triana (el barrio) como si hubiera llegado el mismísimo diablo a visitarlas. Antológicos redobles, de nuevo, en el último tercio de la canción; arreglos de teclados maravillosos; una letra (como todas) de una calidad poética muy poco habitual; y un final gritando “compañera, compañera”, que me hace temblar, y espero que a ti también.
Pero toca enfrentarse a la cara B, que abren con “Sé de un lugar”. Buff ¿y ahora qué hacemos?
Abre tu corazón
Que hoy vengo a buscarte, amor
Te llevaré a un lugar
Donde broten las flores, amor
Acabáis de cantarla todos, ¿verdad? Pues ya está.
“Diálogo”, “En el lago” y “Todo es de color” son los cortes cinco, seis y siete.
La vida es injusta, sí.
Solo con uno de ellos cualquier artista habría triunfado para siempre, pero “En el lago” es tan bonita que duele; es una genialidad el inicio con ese órgano tétrico y medieval, la letra es poesía pura y la melodía se te queda para siempre clavada en el alma. Una estrofa bella, un puente delicioso y un estribillo que baja en vez de subir. Eso es todo: perfecta.
Dicen que el disco no tuvo ningún éxito durante el primer año; normal. De hecho, me imagino a los “triana” y a sus compinches de grabación —Manolo Rosa, Antonio García de Diego y, dicen, que por allí andaban también Manuel y Lole— alucinando mientras grababan sus canciones y pensando: Esto no lo va a entender ni Dios, pero cómo molamos. Justo lo que hubiera pensado yo, y cualquiera.
Triana son la épica del sur, mediterránea y desfavorecida, con raíz flamenca y andaluza pero con la mejor psicodelia británica y americana detrás. Una cosa muy especial, rara, mágica y onírica. Triana son un sueño bello en el que podemos participar todos.
Abre la puerta y verás.
Triana – El Patio
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