Cuando a veces no sé qué escuchar, me canso de mis listas o se me ha roto el reproductor de vinilo, me voy al “This Is” de Arcade Fire en Spotify y me reconcilio con el universo, porque los de Canadá tienen un sinfín de canciones buenas y tres malas que no salen nunca en esa lista —o será que mi móvil es muy listo, no sé—. Y sí, hoy voy a hablaros de Arcade Fire.
El problema es que no sé de qué disco hablar, porque, abundando en la repelencia, tampoco tienen ninguno flojo. Pero al final he decidido quedarme con el primero, el que a muchos nos dejó boquiabiertos en 2004: Funeral. Título tétrico, pero contenido luminoso y sorprendente; es, para variar, una maravilla de disco, porque para hablar de discos malos y feos no escribiría esta columna. Aunque igual es una idea estupenda —apuntada—.
Antes de decir cualquier otra cosa, hay que señalar que si tu primer disco es Funeral, por una parte ya te puedes morir tranquilo y, por otra, muy mal tienes que hacer las cosas para irte al garete en los siguientes.
A principios de los años dos mil la música alternativa estaba cambiando bastante: el grunge y el noise ya no estaban de moda —al menos no tanto—, y ahora empiezan a llegar bandas con otras propuestas más «melódicas».
Sí, un poco entrecomillas, porque melódicas ya eran las anteriores, y si no que se lo digan a Nirvana, pero ya no hay gritos, abismos entre estrofas y estribillos ni rabia desmedida en las canciones de bandas como Interpol, Franz Ferdinand o The Strokes, que ahora practican un rock enérgico, de guitarras agresivas, pero con toneladas emotivas de melodía y muchas ganas de bailar.
Y luego están los de Montreal, que se inventan otra cosa en este disco y llevan veinticinco años explotándola, sumando a esas guitarras, a veces agresivas, piano, violín, viola, violonchelo, contrabajo, xilófono, glockenspiel, teclado, sintetizador, trompa, acordeón, arpa, mandolina y, a veces, koto y zanfona… Hay al menos tres instrumentos de la lista que no sé lo que son y, si los he escuchado alguna vez, no soy consciente, ni siquiera cuando escucho a Arcade Fire.
Esto, como podéis imaginar, los hace un grupo muy especial que nos dejó a todos al borde del suicidio con Funeral, muy tocados con Neon Bible, hechos polvo con Reflektor y en la UCI con The Suburbs en 2010. Y tienen tres elepés más y la banda sonora de la película Her. Un asco, vamos.
Volviendo al disco que nos ocupa, poco hay que decir. Si escuchas Rebellion (Lies) o Wake Up y no sientes nada, no tienes corazón. La primera es Arcade Fire saliéndose del pellejo, el decálogo completo del single perfecto en esto de la música alternativa.
¿Y eso qué quiere decir? Pues el punto perfecto entre una canción pop y algo más: ese punto extravagante y misterioso suficiente para que aquellos que buscamos algo más en la música que un buen estribillo “coreable” nos desmayemos al instante y entreguemos la cuchara de plata que guardabas del abuelo desde que la heredaste hace treinta años —ojo, que comía con ella su rancho en aquella guerra. Es la cuchara de tu vida—.
En definitiva, canciones que arrebatan desde una postura estética y artística; justo lo que es Wake Up, toda la épica del universo concentrada en un átomo de uranio radiactivo a unos 90 bpm de velocidad. Hacer una canción buena es muy difícil, hacer una canción excelente es dificilísimo; hacer una canción maravillosa y lenta es casi imposible. Pues esa es Wake Up.
Por hacer un símil, sería la Polly de Nirvana en Nevermind —Cobain y su acústica se sobran para hacerte llorar—, pero estábamos hablando de Arcade Fire y la verdad es que todo es maravilloso en Funeral, empezando por las melodías y coros de Win Butler y Régine Chassagne, que parecen levantar iglesias, y sabes que te van a atrapar para el resto de tu existencia desde la canción de apertura: Neighborhood #1 (Tunnels).
Hay una máxima que casi nunca falla en la música pop: cuanto más personal es la voz de un cantante, las posibilidades de tener éxito aumentan exponencialmente —¿ponemos ejemplos o no hace falta?—. Si, en vez de una voz especial, tienes dos en tu banda, pues acabas de echar la quiniela sabiendo los resultados de antemano. Eso, y un talento compositivo descomunal, claro.
Y de eso los canadienses van sobrados. Neighborhood #2 (Laika), Une année sans lumière, Neighborhood #3 (Power Out) —sencillitos los títulos de este disco, sí—, Crown of Love… violines, pianos, armonías, coros, percusiones imposibles, guitarras locas, baterías leeeeentas que giran y se convierten en poderosos ritmos de ska y Butler inventando melodías dulces y agudas que deberían no gustarte y, sin embargo, abrazas como si no hubiera un mañana. Pónganse la rítmica y energizante Neighborhood #3 (Power Out) y lo entenderán.
Un disco maravilloso, y porque he decidido no hablarles de The Suburbs; si no, estaríamos todos llorando a estas alturas del artículo. Creo que me estoy arrepintiendo…
Una pista: está justo a la izquierda de Neon Bible en su reproductor favorito.
Cuando no sepas qué escuchar y todo te parezca más de lo mismo, te espero en el “This Is” de Arcade Fire; y que la fuerza y los lagos de Canadá nos acompañen.
ARCADE FIRE – FUNERAL
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