Un Palacio vacío puede parecer un escenario frío, pero en realidad amplifica los sonidos. Cada bote del balón, cada roce de zapatilla contra el parquet, cada voz, se multiplica. En la victoria de Covirán Granada frente a Dreamland Gran Canaria (97-88), el silencio fue testigo de algo que el público rara vez percibe: el partido sonoro dentro del partido.
El eco de un banquillo
Desde el principio se escuchaba a Ramón Díaz, incansable, marcando sistemas, corrigiendo posiciones, pidiendo intensidad. Sin música, sin murmullo de grada, sus instrucciones atravesaban la pista como un metrónomo. En cierto modo, el ritmo del partido lo marcaba su voz.
En la pista, otro que no callaba era Zach Hankins. Cada defensa era un grito de aliento, cada canasta un aplauso al compañero. Se pasó el encuentro hablando, animando, corrigiendo, empujando a los suyos a no relajarse ni cuando la ventaja era cómoda. Su papel no se mide sólo en números (13 puntos y 6 rebotes), sino en esa energía verbal que mantuvo viva la tensión competitiva.
La dirección de Rousselle
Con la pelota en las manos, Jonathan Rousselle asumió el timón. Controló los ritmos, eligió las mejores opciones y supo pausar cuando el rival amagaba con volver. En un partido de vaivenes, su serenidad fue una especie de faro. No levantó la voz como Hankins, pero cada gesto suyo dirigía la orquesta.
La nota amarga de Speight
El partido también dejó una preocupación: Mica Speight apenas pudo participar. Una molestia en el muslo derecho lo mantuvo más tiempo en el banquillo que en la pista. No era el día de arriesgar, y la decisión fue clara: cuidarse antes que sumar minutos en un amistoso. Habrá que esperar para verlo de verdad en acción.
Un choque con dos guiones
El partido, en lo puramente deportivo, tuvo dos capítulos bien diferenciados. El primero, un monólogo local: parcial de 20-0, dominio absoluto, 61-36 al descanso. El segundo, la reacción canaria: de verse casi 25 abajo a colocarse 81-78 en el último cuarto. Entre medias, los triples de Jovan Kljajic (29 puntos, 6/8 desde fuera) y la puntería de Matt Thomas (21 puntos) marcaron la diferencia.
Gran Canaria puso emoción, Granada respondió con carácter. Y en ese cruce de fuerzas, el equipo nazarí encontró la manera de cerrar el triunfo con un parcial final de 12-3.
Desde la grada
Lo que queda, más allá del marcador, es la sensación de estar ante un grupo que ya muestra personalidad. Ramón Díaz imponiendo su voz en el silencio del pabellón y marcando y diciendo que esto es Granada y aquí nos tienen que respetar. Hankins siendo la gasolina emocional en cada jugada. Rousselle guiando sin estridencias. Y Speight recordando que la temporada es larga y que la salud está primero.
Quinto partido de Covirán que dejó muy buenas sensaciones a los que pudimos presenciar el encuentro y así os lo cuento.

