Midlake son unos señores de Texas con pinta de ser otros señores de Minnesota —échenle un ojo a la portada de este disco y verán—. Bueno, en esta portada parecen más bien unos señores extraterrestres que quieren ser señores de Minnesota… Pero el caso es que, cuando escucho The Trials of Van Occupanther (2006), me entran ganas de llorar como si fueran del mismísimo Realejo. Quiero decir que me llegan a la patata como si los conociera de toda la vida. ¿Por qué? Pues no tengo ni idea, pero así es.
Debí descubrir este álbum en 2007 o 2008 y sigo atrapado en él y en su feliz melancolía desde entonces. Empieza a sonar Roscoe y se me paraliza el cuerpo. Igual tiene que ver con sus pintas y sus orígenes: ¿por qué unos tipos que deberían ser vaqueros y adorar el country se visten de leñadores yetis y hacen folk-rock psicodélico? Ahí hay gato encerrado.
La banda se formó en 1999 entre unos cuantos amigos estudiantes de jazz en la University of North Texas y no tiene ningún sentido que, con esas mimbres, hicieran este disco. Igual es una obsesión mía, pero yo oigo lluvia y frío en cada segundo de las canciones de Midlake y ni rastro de un rodeo. Ya sé que en el estado de la estrella solitaria hay mucho más y que de allí son también Janis Joplin o Beyoncé, pero en mi cabeza pienso antes en ZZ Top y a ellos me los imagino en la frontera con Canadá, junto a cualquiera de sus diez mil lagos, componiendo en un garaje cutre con camisas de franela. Pero no: los chiquillos son de Denton, a mil quinientos kilómetros de los lagos. Qué le vamos a hacer.
Qué más da. Head Home tiene para mí tanta belleza que duele escucharla y, a la vez, te ensancha el corazón.
He contado esta historia muchas veces: el final de esta canción fue la melodía de mi teléfono móvil durante bastantes años —y porque perdí el móvil, si no, seguiría siéndolo—. Una noche de gira volví antes al hotel que el resto. Antes y, se ve, también más borracho que los demás, porque no me despertaba ni un huracán. Compartía habitación con Migue, que había perdido su llave. Él volvía con Andrés y, como yo no me despertaba pero sonaba una y otra vez el épico final de Head Home, se pasaron veinte minutos llamándome solo por escucharla. Cuando por fin abrí la puerta, allí estaban ambos dándolo todo en el pasillo del hotel y bastante tristes porque me había despertado. Así irían las criaturicas. Y los entiendo, yo podría vivir el resto de mi vida en los dos minutos finales de esta canción. Póntela e imagina la escena a las cinco de la mañana.
A día de hoy sigo riéndome con amor al recordar esta maravillosa anécdota mutante, con Midlake como protagonistas.
La dinámica del disco es perfecta: un temazo arriba, con estribillos de desmayo dentro de la oscuridad que les —y me— cautiva, y un temazo abajo, con baladas imposibles que resulta que también escondían un estribillazo en el armario. Roscoe / Bandits, Head Home / Van Occupanther, Young Bride / Branches, It Covers the Hillsides / Chasing After Deer. Solo se permiten la licencia —para hacerse multimillonarios— de colocar dos baladas seguidas: Branches e In This Camp, sexto y séptimo cortes del álbum. Pero qué dos baladas, amigos. Oigan esos pianos, gongs, flautas, acústicas, baterías etéreas y los estribillos luminosos llenos de coros de Tim Smith y Eric Pulido. Lagrimilla al borde del área, que diría mi Andrés.
No sé explicarlo mejor, pero para mí son una experiencia mística. Para entenderlo hay que escuchar In This Camp, no desesperarse y dejar que te alcance el estribillo. No, el primero no: el segundo. Es que, tras el segundo, la canción es otra y se convierte casi en un single instrumental ¡Ooooooh…! Y espera, que aún llega el súper estribillo final, con unas armonías vocales celestiales. Apoteósico. Todo en cinco minutos y cuarenta segundos.
Por esto la música me hace feliz.
Confieso que en We Gathered in Spring intentan echarte del disco con media tonelada de melancolía, pero te reconcilias con ellos en It Covers the Hillsides, otra canción-single maravillosa de pop-rock alternativo. Arreglos, melodías, armonías, transiciones, estrofas y estribillos: no se puede hacer todo tan bien, con tanto gusto y menos siendo de Texas queriendo ser de Minnesota.
Hay que ser muy brillantes y estar un poco fatal de la cabeza, y me parece que aquí se cumplían ambas premisas. Midlake nunca volvió a ser lo mismo sin su cantante y compositor principal, Tim Smith, que en 2012 abandonó la banda por problemas personales —y dicen las malas lenguas que psiquiátricos— para dedicarse a otros proyectos con escasa repercusión. Antes de eso aún firmaron otro álbum enorme, The Courage of Others (2010), pero igual tantas toneladas de melancolía pueden acabar con cualquiera. Si te sientes fuerte estos días, dale una oportunidad.
Hay cosas que molan en todos sus discos y canciones muy buenas en Antiphon (2013) —mientras escribo estas líneas casi me desmayo con The Old and The Young—, ya sin Smith, pero en The Trials of Van Occupanther rompieron el molde y muy poca gente lo sabe. ¿Te unes a mi club?
Es uno de los discos favoritos de mi vida. Me transporta a otro planeta donde todo es bello, enérgico, psicodélico y romántico.
Si además entendiera inglés, habría muerto por sobredosis de placer hace una década.
Y Migue y Andrés, también.

