Coincidió felizmente el día en el que surgió la materialización de esta nueva tribuna de GRXactualidad con la publicación en este diario digital de la crónica de un evento que reunía las palabras ciencia y cultura. Se trata de la presentación de la “Estrategia GRANADA – Metrópoli. Horizonte 2030-2040” que ha llevado a cabo el Consejo Social de la Ciudad de Granada y que ya ha sido aprobada por el pleno municipal. En ella se plantea la visión de convertir Granada en una ciudad del conocimiento apoyada en el binomio ciencia-cultura.
Congratula la mención a ese binomio, que no es fácil de encontrar en las múltiples referencias cotidianas a la cultura, a quienes hemos dedicado buena parte de nuestra actividad a promocionar la cultura científica. En efecto, esta denominación forma parte del concepto más amplio de comunicación social de la ciencia y está completamente implantada en el ámbito español de la ciencia y la tecnología.
Las Unidades de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+I) están reconocidas por la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT), y cabe señalar el privilegio de que Granada figure en el correspondiente listado de la Red de UCC+I con cuatro Unidades (las mismas que Salamanca y más que Alicante, Navarra, Vizcaya o Zaragoza, por ejemplo): Consorcio Parque de las Ciencias, ibs.GRANADA – Fundación para la Investigación Biosanitaria de Andalucía Oriental Alejandro Otero (FIBAO), Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y Universidad de Granada (UGR).
Hago notar que este orden es el que figura en dicho listado -alfabético-, si bien la Unidad del Parque de las Ciencias es la más novel de este selecto club de instituciones en las que se reconoce no solo la difusión de la ciencia entre la sociedad, sino también la innovación que llevan a cabo (el Parque de las Ciencias se sumó también recientemente al grupo de Agentes del Sistema Andaluz del Conocimiento, en la categoría de Divulgación Científica y Técnica).
En el libro blanco de las UCC+I, editado por la FECYT en 2024, se establece que dichas Unidades tienen como objetivo “la creación de entidades capaces de fomentar el interés por la ciencia y la cultura científica de la sociedad, a través de la transmisión del conocimiento generado en los centros de investigación, universidades y otras instituciones relacionadas con la ciencia. Las UCC+I se conciben como nodos de una red y, para facilitar su labor, subsidiarias de los diversos centros de conocimiento científico”.
Ahora bien, ¿qué asumimos como cultura científica, más allá de considerar que una formación cultural básica no puede esquivar que la ausencia de conocimiento científico elemental es un rasgo de falta de cultura?
Podemos descubrir diversas interpretaciones del concepto de cultura científica, así como encontrar variadas denominaciones -no siempre precisas- para ese mismo concepto (alfabetización científica, divulgación científica, difusión científica, popularización de la ciencia, etc.); entre ellas, me acojo a la que se refiere al nivel de comprensión y conocimiento que la ciudadanía tiene de la ciencia. Dicho de otra manera, es la relación que existe entre la sociedad y la ciencia.
¿Hemos alcanzado un nivel satisfactorio de cultura científica en España? La comprobación es sencilla mediante un ejercicio que solo nos llevará unos pocos minutos: escribamos los nombres de 10 personajes españoles (5 nombres de mujeres y otros 5 de hombres, sin importar su época histórica) que se hayan caracterizado por sus aportaciones a la literatura, a la música, a los deportes y a la ciencia. Comprobemos la facilidad con la que han surgido los nombres en cada uno de esos ámbitos. Si todos nos han salido rápidamente, probemos con 10 más. Mucho me equivocaría si cada vez no fuese más laborioso añadir nombres relacionados con la ciencia que con el deporte.
Recordemos todo esto cuando en la próxima pandemia, en casos de grave enfermedad, crisis energética o alarma climática, reclamemos soluciones urgentes a la ciencia para evitar la pérdida de nuestra salud, de seres queridos o el colapso del país. Reflexionemos brevemente acerca de dónde queremos invertir los siempre limitados recursos públicos: investigando en las soluciones a los problemas cotidianos o bien en vanidosos fastos y en importar productos externos, a precios superlativos, que alimentan las economías de quienes avanzan gracias al conocimiento científico y a sus aplicaciones tecnológicas.
Sin duda, numerosas instituciones públicas y entidades privadas granadinas están demostrando que caminan hacia un progreso fundamentado en la I+D+I (investigación+desarrollo+innovación) y la sociedad local encontrará las mejores oportunidades -sería muy decepcionante que no las aprovechase- para respaldarlo mediante una cultura científica acorde a las exigencias del desarrollo futuro.
En este contexto… ¿qué entendemos por divulgación? Muchas personas se sienten cómodas al ser etiquetadas -incluso autoetiquetadas- como divulgadoras. Me encuentro entre ellas, si bien no creo conveniente explicitarlo, como tampoco presumo de hacer la cama todos los días. ¿Es la divulgación un sinónimo de cultura científica? Pues no. Son las dos caras de una misma moneda.

