No nos conocíamos, pero entré en su despacho aproximadamente un mes después de las elecciones 2023. Junto a él estaba esperándome también la nueva alcaldesa una tórrida tarde de junio a eso de las seis. Llevaba en mi libreta el presupuesto del área de cultura apuntado a mano y a rasgos generales.
Me dijo, «Nani no puedes saberte el presupuesto del área de cultura de memoria». Le dije «¿Qué te apuestas?». «Yo aún no lo conozco, acabo de llegar» -repuso-. «Lo entiendo, pero sois mi cuarta alcaldesa y concejal desde que trabajo en esto», -repliqué-. «Y además, sé dónde están los errores y las carencias, los tienes en el reverso de la hoja…».
-Seguí-, «Si queremos hacer cultura en Granada, no podemos tener este presupuesto y menos secuestrado por dos vacas sagradas gigantes».
Dos semanas después me llamó para decirme que me había equivocado en 40 o 50 mil euros de un presupuesto de más de tres millones y que las carencias eran todas las que debían y algunas más que conoció gracias a la hoja de mi libreta. También que estaba de acuerdo en casi todo y contaba conmigo para intentar cambiarlo.
Siempre que nos veíamos con más gente, Juan Ramón contaba esta historia con cierto orgullo y retranca y la apostillaba diciendo “Nani me explicó el presupuesto de mi área y porqué no funcionaba en 15 minutos, con un boli y sin conocernos”.
Sonreía ante la estupefacción del oyente, daba un par de carcajadas, sacaba pecho -gesto que lo distinguía siempre-y se ponía a trabajar, pensar y solucionar.
No nos conocíamos de nada en 2023, sin embargo, el 1 de enero de 2026 se me heló el corazón al abrir mi teléfono y descubrir la noticia de su muerte.
En dos años y medio nos tomamos un cariño profundo. Él era tan sincero conmigo como yo con él. Le expliqué que los músicos emergentes necesitaban cariño y un proyecto propio y me dijo: “mientras yo esté aquí se hará cada año”; y pusimos en marcha OLA GRANADA, un proyecto que adoro y que a él y a su equipo le parecía fundamental.
Juan Ramón Ferreira era la política hecha carne, la política que necesitamos en estos tiempos de enfrentamiento sin límites ni sentido, la que abre espacios de entendimiento desde la moderación y la inteligencia y pensando en el bien común sin tener en cuenta las siglas. Era elegante, afable, divertido y cariñoso. Yo, que me preocupo por todo, lo perseguía por guasap, reuniones y llamadas, intentando encontrar soluciones a esto y aquello y su frase era siempre la misma “tú trabaja para que esté de puta madre que de lo demás ya me encargo yo”. Y no sé cómo, pero sucedía.
El lunes me asaltarán nuevas dudas, querré llamarlo o escribirle, y no podré.
El lunes será un día muy duro, como ayer y como hoy. Y el martes. Y todos los días que vendrán después sin Juan Ramón.
Esta ciudad te va a echar mucho de menos, amigo. Yo el primero.

