La rapidez con la que se ha implementado la IA en nuestro día a día asombra a cualquiera. Se ha integrado tan bien y facilita tanto las cosas que poca gente se para a pensar en lo que esto supone.
Al suponer un cambio que ameniza tanto las tareas de las personas, en la mayoría de los casos cuesta tomar conciencia de que también puede significar un retroceso desde diferentes perspectivas.
De la innovación al aula
En el ámbito de la investigación, la salud, la mecanización de tareas o la tecnología, la inteligencia artificial ha sido protagonista de avances muy significativos.
Por otro lado, también se ha implementado en la educación. En este sector, en teoría, se utiliza la IA para que sirva como una herramienta de ayuda, un apoyo y una oportunidad para los alumnos.
Para los profesores, además, supone un nuevo método de enseñanza diferente e interesante con el que experimentar.
La expansión de la IA generativa
Entre las más comunes encontramos las herramientas de inteligencia artificial generativa, un tipo capaz de crear contenido nuevo a partir de patrones y datos previos.
La IA generativa no solo responde a lo que le pedimos, sino que es capaz de producir textos, imágenes, audios o vídeos, e incluso fragmentos de código que imitan el trabajo humano.
Ejemplos como ChatGPT, DALL·E, Gemini o Copilot se han popularizado hasta el punto de que cualquiera puede generar en segundos un texto académico, una ilustración o una presentación.
Sin embargo, esa facilidad y rapidez con la que crean contenido plantea nuevos retos.
Cuando una herramienta es capaz de todo esto, surgen dudas inevitables: ¿dónde queda la autoría personal? ¿Podemos seguir hablando de un trabajo “propio” cuando una parte la ha elaborado una máquina?
IA y educación: oportunidades y riesgos
La IA generativa puede ser una aliada poderosa para aprender, investigar y desarrollar ideas. Pero también puede convertirse en un riesgo si se utiliza como sustituto del esfuerzo o la reflexión individual.
Por eso, universidades como la de Granada han comenzado a reflexionar sobre cómo integrar estas herramientas de manera responsable y ética, especialmente en trabajos tan relevantes como el Trabajo de Fin de Grado (TFG).
Desafíos actuales en el uso académico
El crecimiento tan rápido de estos recursos ha dejado a las instituciones educativas en una especie de punto intermedio: ni pueden ignorarlas ni saben del todo cómo gestionarlas.
La aparición de la IA generativa ha obligado a replantear la manera de enseñar, de aprender y de evaluar.
Mientras algunos docentes ven en ella una oportunidad para modernizar la educación, otros muestran cierta preocupación por la falta de control sobre lo que los estudiantes pueden llegar a producir con su ayuda.
Muchos expertos coinciden en que la IA no es el problema en sí, sino la falta de formación y de criterios claros sobre cómo debe utilizarse.
En manos de alguien preparado, puede ser una herramienta que fomente la creatividad y el pensamiento crítico. En cambio, usada sin orientación, puede fomentar la superficialidad o incluso el plagio académico.
Además, la introducción de la inteligencia artificial en la enseñanza universitaria ha puesto sobre la mesa una cuestión de equidad.
No todos los estudiantes tienen el mismo acceso o conocimiento sobre estas herramientas, lo que puede generar desigualdades en la elaboración de trabajos o en la adquisición de competencias digitales. A esto se suma la necesidad de que el profesorado también reciba formación.
En definitiva, la discusión actual no gira en torno a si la IA debe formar parte del proceso educativo, sino a cómo hacerlo de manera responsable y transparente.
Caso de estudio: la UGR
En este escenario, la Universidad de Granada ha decidido actuar de manera proactiva, abordando el uso de la inteligencia artificial generativa desde una perspectiva formativa y ética.
A través del proyecto “Uso responsable y ético de la inteligencia artificial en el Trabajo de Fin de Grado”, coordinado por el profesor Rafael Marín Aís del Departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, se buscó ofrecer a estudiantes y docentes una orientación clara sobre cómo emplear la IA de forma adecuada y responsable.
El proyecto, desarrollado durante el curso 2024-2025, se centró en una pregunta clave: ¿cómo puede ayudar la inteligencia artificial generativa al alumnado del Grado en Derecho en uno de los retos más importantes de su etapa académica, la elaboración del TFG?
Metodología y resultados del proyecto
A partir de esta idea, se propuso experimentar con el uso de la IA en distintas fases del trabajo de investigación: desde la búsqueda bibliográfica inicial hasta el análisis de datos complejos, la organización de ideas o la creación de esquemas, tablas y gráficos elaborados a partir de materiales del propio estudiante.
Durante doce meses, el equipo llevó a cabo cuatro seminarios y talleres prácticos con la participación de profesorado de la UGR y de otras universidades españolas.
Estas actividades generaron un debate muy enriquecedor sobre el uso ético y declarado de la IA en trabajos académicos, especialmente sobre los riesgos de su uso sin estar indicado, que podría llegar a considerarse una forma de plagio académico.
Finalmente, se elaboró una guía de buenas prácticas que establece tres principios fundamentales: transparencia en el uso de la IA, compromiso con la autoría personal y un enfoque crítico hacia los contenidos generados por estas tecnologías.
El objetivo de este proyecto no ha sido sustituir el trabajo y el razonamiento del estudiante, sino enseñar a utilizar la IA como un apoyo útil y responsable, en línea con las recomendaciones institucionales de la propia universidad.
El balance final ha resultado ser muy positivo. El proyecto no solo ha contribuido a formar al profesorado en el uso ético de la IA, sino que también ha abierto un espacio de reflexión conjunta sobre el papel que estas tecnologías tendrán en la educación superior en los próximos años.
Mirando hacia el futuro
En consecuencia, la Universidad de Granada demuestra que el verdadero desafío no está en prohibir la inteligencia artificial, sino en aprender a integrarla con criterio, fomentando un aprendizaje más consciente, responsable y adaptado a los nuevos tiempos.
Esta iniciativa de la UGR no solo abre una línea de trabajo pionera, sino que deja claro que la formación del futuro tendrá que entender la tecnología y sus límites.
A medida que la IA siga avanzando, también deberán hacerlo las normas, la conciencia y la educación de quienes la utilizan.
Lo que no debemos olvidar es que, aunque la inteligencia artificial ha llegado para quedarse, los humanos llevan toda la vida trabajando duro y tienen capacidades de sobra para conseguir lo que necesiten.

