Fernando Parra es presidente de la Fundación UAPO, la Unidad de Apoyo al Paciente Oncológica, una organización surgida en Granada con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer a través de la oncología integrativa y la creación de una comunidad donde los pacientes puedan desconectar de su enfermedad.
En esta nueva entrevista de ‘Los Mentideros de Guille’, Parra nos relata en primera persona su experiencia con el cáncer desde una perspectiva muy emocional y enfocada siempre hacia la normalización de la palabra cáncer. Porque todos (o casi todos) conocemos a alguien que ha pasado por esta enfermedad.
Parra también nos habla sobre una de sus mayores pasiones, el automovilismo, además de ofrecer un punto de vista muy interesante sobre la importancia de valorar nuestra sanidad pública y otros temas de interés.
Pregunta. Para empezar, como es habitual, ¿nos puede decir su nombre completo y el cargo que ocupa actualmente?
Respuesta. Mi nombre es Fernando Parra Bedmar y soy el actual presidente de la Fundación UAPO, la Unidad de Apoyo al Paciente Oncológico.
P. Una vez hechas las presentaciones, siempre intentamos relajar un poco el ambiente porque, a veces, uno se pone demasiado serio.
R. (Ríe) Sí, eso me pasa mucho. Mi hijo, cuando me hace una foto, siempre me dice: “Papá, sonríe”. Y yo le digo: “Pero si yo creo que estaba sonriendo”. Luego resulta que tengo una cara muy seria encima.
P. ¿Qué ha aportado Jesús Candel a Granada?
R. Jesús Candel ha aportado muchísimo. Para empezar, los dos hospitales. Gracias a él tenemos los dos hospitales y hay que imaginar lo que hubiera sido una pandemia con un solo hospital en Granada. Además, fue un luchador incansable contra todo lo que consideraba injusto y siempre defendió una sanidad pública mucho más amplia, más justa y que llegara a todo el mundo.
En la última etapa de su vida le detectaron el cáncer. Él conocía muy bien la importancia de lo que llamamos las cuatro patas de la oncología integrativa: la fisioterapia, el entrenamiento personal y la musculación, el ejercicio de fuerza, la nutrición y la psicología. Por eso llamó a su amigo Javier Cánovas, que pasó a ser su entrenador personal. Jesús sabía que podía mejorar o, al menos, tener una mejor calidad de vida durante su proceso oncológico.
Siempre le decía que era un grande, que tenía un corazón inmenso. Como médico, deportista y no fumador, sabía que estas cuatro patas funcionaban muy bien. Y él pensó: “Si a mí me sienta bien, vamos a intentar que esto le llegue a más gente”. Eso solo lo hacen personas como él, que era un genio. Y de ahí nació la Fundación UAPO que tengo el honor de presidir.
P. ¿Por qué cree que Jesús Candel tenía tan mala prensa en algunos sectores?
R. Porque muchas veces decía en voz alta lo que todos pensábamos pero nadie se atrevía a decir. Hay que situarse en el contexto. Los años 2015, 2016 y 2017 fueron muy convulsos para la sanidad pública. Jesús hablaba sin filtro, luchaba por su idea de cómo debía funcionar la sanidad pública y eso generó rechazo en mucha gente. Pero siempre defendía una causa.
P. Le pongo un caso concreto. Una amiga acaba de ser diagnosticada de cáncer de mama. ¿Qué le diría Fernando Parra, desde su experiencia personal y como presidente de UAPO?
R. Le hablaría como paciente y como presidente de la Fundación. Lo primero que entra es un miedo atroz. Nosotros decimos vulgarmente que “se apaga la luz”. Te pilla a destiempo, no estás preparado y crees que estás solo frente a esto. Luego te das cuenta de que hay muchísima gente pasando por lo mismo.
Le diría que hoy día, con el nivel de la sanidad pública, con los avances en oncología, cirugía, fisioterapia, y con elementos de apoyo como los que ofrecemos desde UAPO se abre una puerta muy dura, sí, pero hay luz al final del túnel. Con el cáncer se vive. Se vive, porque el final llega para todos, tengan cáncer o no.
P. ¿Qué pasa en esas primeras 24 horas después de recibir el diagnóstico?
R. En esas primeras 24 horas asumes que te mueres. Automáticamente. El semáforo se pone en rojo y lo primero que piensas es “Me muero”. Pero enseguida aparece otra preocupación aún mayor: tu entorno. Tu pareja, tus hijos, si los tienes. Piensas en cómo los vas a dejar, en cómo van a gestionar ellos que algún día puedas no estar. Ese es el verdadero pánico, no solo por ti, sino por los tuyos.
P. ¿Cómo se puede ayudar a cambiar esa forma de pensar?
R. Es muy complicado. Pasar de “me voy a morir” a “tengo que vivir el tiempo que me quede” no es fácil. Siempre digo que la puerta de la muerte la vamos a cruzar todos, tarde o temprano. La cuestión es cómo quieres vivir desde ahora hasta que llegue ese momento.
Por eso es tan importante la psicología integrativa y la psicología oncológica para ayudar a gestionar el estrés del diagnóstico y también para ayudar al entorno. Cada persona es un mundo. Hay gente muy resiliente que se cae pero al día siguiente se levanta y dice: “Esto lo tengo que afrontar”.
P. ¿La famosa “mala follá” granaína ayuda o perjudica en un proceso así?
R. La mala follá existe en todos lados, no solo en Granada. Lo que pasa es que aquí tenemos esa etiqueta. En Granada hay gente excepcional, muy buena, muy colaborativa y que ayuda muchísimo al paciente oncológico.
P. La Fundación UAPO nació en 2021. Recientemente se ha sumado al proyecto de Granada como candidata a Capital Cultural. ¿Cómo conecta la oncología y la cultura?
R. Todo va de la mano. Gran parte de nuestra financiación viene de eventos culturales: obras de teatro, galas musicales… Además, hay que poner en valor que somos pioneros a nivel mundial. Somos la única unidad de oncología integrativa e interdisciplinar y, además, gratuita. Eso también es cultura, porque habla de los valores de una ciudad. Granada merece ser Capital Cultural por su historia, por lo que aporta y, sobre todo, por sus personas.
P. ¿Sería un fracaso no conseguir esa capitalidad?
R. No. Intentarlo ya es algo bonito. Con la Capitalidad Cultural 2031 tenemos la posibilidad y el privilegio de luchar por estar ahí y por llegar. Y si luego no llegamos, no pasa nada. Seguiremos trabajando por una Granada mejor, que es lo que estamos intentando todos, cada uno desde nuestro ámbito. A partir de ahí, hay que creérselo y ponernos en valor. Porque muchas veces los granadinos no nos ponemos en valor. Tenemos un tejido empresarial increíble, un tejido cultural impresionante y somos la envidia de muchos lugares.
P. Para quien no lo conozca, usted es corredor de rally, organizador del Rallye Ciudad de Granada, presidente de UAPO y ha superado dos cánceres. ¿Cómo se une todo eso?
R. El mundo del automóvil lo llevo dentro desde muy pequeño, tanto a nivel profesional como deportivo. Estoy en la Federación Española y en la Andaluza, donde he sido directivo y presidente de la Comisión de Karting. También tengo el honor de presidir una escudería mítica de Granada, la Escudería Granada 49.9, que incluso fue nombrada embajadora de Granada.
Jesús Candel, Javier Cánovas y yo nos pusimos un reto: volver a pilotar un coche de rally. Para eso hacía falta una actitud física que no es fácil después de un cáncer. Pero en la vida hay que ponerse metas alcanzables, paso a paso. Y fue muy bonito conseguirlo.
P. De hecho, en 2025 volvió a ponerse al volante. ¿Cómo fue esa experiencia?
R. Como un niño. Me lo pasé mejor que la primera vez que piloté, hace ya muchos años. Venía de un paréntesis muy duro en mi vida y volver a la alta competición, coger el coche y sentirme mejor físicamente que antes del cáncer fue algo increíble a nivel físico y mental.
P. Decía antes que incluso se ha encontrado mejor físicamente que antes del cáncer.
R. Sí. Estar mejor que cuando tenías el cáncer, o incluso mejor que cuando no tenías cáncer, a nivel físico, a nivel estructural y demás, para mí fue un privilegio. Yo siempre digo, al hilo de las competiciones, que no todo es ganar. Lo importante es estar durante la competición, compartir tu afición y compartir con tus compañeros.
En el tema del pilotaje tuve sensaciones encontradas porque me sentía como el niño que está esperando a los Reyes Magos, que quiere ver a los Reyes y no le dejan verlos. A partir de ahí fue muy bonito porque mis compañeros del automovilismo me prepararon un homenaje que no esperaba y que me dejó sin palabras.
Los sentimientos, sobre todo en el paciente que se va recuperando, los tienes a flor de piel. Intentas racionalizar muchas cosas y no sabes cómo expresarlas en esos momentos. Fue muy emotivo, muy bonito. De todo se sale. También se sale del cáncer, claro.
P. Uno de los momentos más simbólicos es cuando se toca la campana. ¿Qué siente uno en ese instante?
R. Cuando tocas la campana te acuerdas de cuando empezaste el proceso. De los malos ratos, de las noches sin dormir, de la agonía de las quimios, de los momentos duros de las cirugías. El ser humano tiene un mecanismo perfecto en la memoria para hacer una especie de reseteo. Guardamos eso en lo más profundo y solo lo sacamos de vez en cuando para intentar ayudar a los demás.
Te voy a contar algo muy personal. Cuando me operaron la segunda vez, en 2021, lo pasé tan mal que creía que no salía. Estaba ingresado en época semicovid y mi familia no podía ir a verme. Una noche estaba malísimo. Me habían operado de pulmón, tenía drenajes, un dolor fortísimo. Estaba tan mal que le dije al enfermero de turno —y aprovecho para decir que soy un defensor absoluto de la sanidad pública y de sus profesionales— que me pusiera algo para desaparecer esa noche porque no podía aguantar más.
En ese momento pedí a Dios, tal cual. Le pedí que si salía de ahí me pusiera en un lugar desde el que ayudar a más gente a superar esto. Y fíjate, me emociono al contarlo, pero la vida me puso en el camino. Hoy tengo el honor, el privilegio y también la responsabilidad de presidir la Fundación UAPO. Hay una historia muy bonita detrás de cómo llegué a ese papel.
P. En ese proceso, ¿uno vuelve a creer en Dios cuando tiene cáncer?
R. Sí. Vivimos en un mundo donde parece que la religión está mal vista, como si diera reparo decir que uno es creyente. Pero cada persona tiene derecho a creer en lo que quiera y eso hay que respetarlo. Cuando estás en ese proceso te agarras muy fuerte a tus creencias porque has visto la puerta muy cerca. Ves muchas cosas diferentes y necesitas creer que hay algo más.
Yo soy cristiano, católico, apostólico y romano y para mí hay algo más, sin ninguna duda. Durante este proceso me pasaron cosas que me reafirmaron en esa creencia. Te agarras a tu gente, a los médicos, a los que te quieren pero también a algo más que te ayude a pasar el camino.
P. Un tema que ha mencionado varias veces es la sanidad pública. ¿Somos conscientes de lo que tenemos?
R. No. No somos conscientes del privilegio que tenemos de ser españoles, andaluces y de contar con esta sanidad. Ojalá la gente pudiera comprobarlo sin estar enferma. Que viera los profesionales que tenemos, desde la persona que limpia la habitación hasta la enfermera, el auxiliar, el celador, hasta el oncólogo o el cirujano. Son profesiones vocacionales y su labor es increíble. Y luego están los medios técnicos, la tecnología. Eso no lo tiene cualquiera.
P. ¿Cómo se entiende entonces que surjan polémicas sobre la sanidad privada y pública?
R. Porque intentamos politizar todo. El ciudadano no está en esa guerra. En el tema del cáncer, cuando hay fallos, pueden ser profesionales o de comunicación pero no se puede generalizar ni culpar a todo el sistema. Se corrige el error y se sigue adelante.
Yo he trabajado fuera de España, en Estados Unidos, durante varios años. Allí pagas seguros muy caros y aun así no te cubren todo. Un amigo me preguntó cuánto me habría costado allí todo el proceso que yo he pasado. El cálculo se quedó en un millón seiscientos mil dólares. ¿Qué persona puede asumir eso?
Por eso siempre digo que no valoramos lo que es gratis. Gratis no significa que no cueste dinero. Nuestra sanidad cuesta mucho dinero y es extraordinaria. Ojalá nadie tenga que necesitarla nunca, pero si la necesita, está ahí. Y además tenemos formación y talento.
P. Hablaba antes de la formación. ¿Qué papel juega en todo esto?
R. Tenemos una formación increíble aquí. Creamos saberes en este ámbito y eso es fundamental. Por eso hay que darle todavía más cariño a UAPO.
P. ¿Cómo se financia la Fundación UAPO?
R. La financiación es totalmente particular. Ahora mismo tenemos unos 10.000 socios a nivel mundial. Hay personas que aportan 5, 10 o 15 euros. Lo que cada uno puede. Y las empresas, a las que llamamos “empresas guapas”, a través de su Responsabilidad Social Corporativa aportan mensualmente, según sus posibilidades, 50, 100 o 150 euros.
Y después están los eventos, como carreras solidarias, actividades organizadas por colegios o establecimientos que colaboran con nosotros. No tenemos financiación pública. Nadie nos da dinero desde una institución. Todo sale de la colaboración de la gente y de las personas de a pie.
Y eso es muy bonito, porque para nosotros es igual de importante quien aporta 5 euros que quien aporta 1.000. Cada uno da lo máximo que puede dentro de sus capacidades. Con ese dinero hacemos presupuestos mensuales y decidimos cuántos fisioterapeutas podemos tener, cuántos entrenadores, cuántos psicólogos, cuántos nutricionistas y a cuántas personas podemos atender.
P. España vive una situación complicada en materia sanitaria, con desigualdades. ¿Cree que UAPO es replicable en otras provincias o comunidades?
R. El principal obstáculo para expandir UAPO es el económico. A nuestro director, Javier Cánovas, le llegan ofertas prácticamente todos los días desde provincias y municipios de toda España porque se ha visto que esto es una necesidad real. Comentaba antes de comenzar la entrevista un dato muy duro. Este año, por primera vez, las muertes por cáncer en España superan a las cardiovasculares. Eso nunca había pasado. Los hospitales lo están notando.
Cada vez hay más pacientes que llaman a nuestra puerta. Pero nosotros tenemos unas capacidades limitadas. El cáncer no espera. Si te operas de un tobillo puedes esperar, pero con el cáncer una semana o dos pueden marcar la diferencia. Por eso queremos crecer, ampliar y poder atender a más personas.
P. Como presidente de UAPO, ¿qué legado te gustaría dejar?
R. El legado que quiero dejar es la continuidad de lo que inició nuestro querido Jesús Candel. Después lo asumió su padre, Paco Candel, que fue un descubrimiento como ser humano. Jesús no llegó a ver la expansión que tiene ahora la Fundación ni la institución en la que se ha convertido. Ya no somos un proyecto: somos una institución con un valor incalculable para las personas que pasan por ella. Una de las cosas que Jesús decía y me recuerda muchas veces Javier es que el dinero no debía ser un problema para que nadie se quede sin recibir atención. Nuestro legado es continuar.
Ahora somos también formación continuada para profesionales. Estamos creando empleo y desarrollando proyectos muy bonitos, como el trabajo con colegios e institutos. Damos charlas sobre vida saludable: actividad física, nutrición, gestión del estrés. Los niños también gestionan mucho estrés, aunque no lo parezca.
Recuerdo una charla en un colegio con más de 200 niños. El director me dijo: “Es la primera vez que los veo a todos callados”. Hablamos del cáncer con naturalidad. Normalizar la palabra cáncer es fundamental. Todavía hay gente a la que le cuesta decirlo, como si fuera un tabú. Yo siempre digo: el cáncer no se contagia. Al final de la charla preguntamos: “¿Quién conoce a alguien con cáncer?”. Fue más fácil contar los que no levantaron la mano. Eso te da una idea de por qué este trabajo es necesario. El legado es sencillo: seguir ayudando, crecer, abrir una segunda sede en Granada y estar en todas las provincias andaluzas, siempre manteniendo la esencia de cuidar la salud.
P. Para terminar, ¿qué mensaje le lanzaría a las instituciones públicas?
R. Estamos intentando tender puentes. Nuestra Fundación no tiene ningún color político. Vamos de la mano de los oncólogos, de los médicos, basándonos siempre en sus informes. Queremos que nos vean como lo que somos: una herramienta de utilidad pública. De hecho, la Fundación UAPO es oficialmente de utilidad pública. Hace poco le comentaba a un responsable institucional: “¿Sabe cuánto dinero le estamos ahorrando a la sanidad pública solo en farmacología?”. Nuestros pacientes apenas necesitan ciertos medicamentos porque están mejor.
Una oncóloga me dijo una frase preciosa: “Se nota cuando un paciente viene de UAPO porque entra en consulta con una sonrisa”. Eso es lo que queremos: ser un elemento coadyuvante, colaborar con otras asociaciones, con hospitales, con la sanidad pública. Si algún día la sanidad pública asume todo lo que estamos haciendo nosotros habremos triunfado. Hasta entonces, estamos aquí para ayudar.

