Granada siempre ha sido una ciudad con vida propia cuando cae el sol. Pero quien la vivió en los 90 y la vive ahora sabe que ya no es la misma noche. “Cuando empecé en esto —hablamos del 92-93— no existía el móvil, y quedar para salir era prácticamente la única forma de socializar”, recuerda Raúl López, el CEO de Tus Territorios.
“La noche era el lugar donde te relacionabas, conocías gente y tenías vida social”. Hoy, en cambio, hay citas que empiezan en Instagram antes de pisar la calle.
La transformación no vino de golpe, aunque sí hubo un terremoto silencioso: la pandemia. Según explica, el sector ya llevaba tiempo buscando profesionalizarse, pero el COVID lo convirtió en una obligación. “la pandemia nos obligó a revisar todo: estructura de costes, ingresos, previsiones… Hoy nadie abre ‘a ver qué pasa’”.
Los locales de ocio de Granada ya no funcionan por intuición: se manejan como empresas adultas. Y es que no sólo ha cambiado la gente. El factor digital lo ha cambiado todo.
Las redes sociales son ahora escaparate, recomendación y validación. Pero también condicionan la forma de disfrutar. “A veces parece que se vive más para contarlo que para vivirlo”, confiesa. De la pista al “story”, del encuentro espontáneo a la escena perfectamente fotografiable. Y es que el público ha cambiado tanto como el sector.

Hoy ya no se busca solo una barra y música: se busca una experiencia. Espacio, servicio, atmósfera, propuesta cultural o gastronómica. Y esa experiencia se ha adelantado en el reloj: el tardeo ya no es moda pasajera, es la nueva forma de socializar para buena parte de la población adulta. Granada sale antes, pero sigue saliendo.
En lo económico, el ocio forma parte silenciosa del motor turístico de la ciudad. “Granada es un destino de ocio muy importante”, subraya López. Estudiantes, visitantes y locales comparten ciudad y eso genera una mezcla difícil de replicar. A la Alhambra, el Albaicín y el tapeo se les suma la noche… o la tarde. Y crea un alma única a la ciudad.
En ese mapa diverso, Tus Territorios ha construido una oferta transversal: desde lo gastronómico con El Nido u Origen, hasta el tardeo y la música en espacios como Mariana, Beso, Atrevimiento, Verdad o Perra Gorda, sin olvidar a Ganivet 13.
¿Qué sería del ocio granadino sin Ganivet 13? Ese local emblemático que permanece como clásico actualizado 24 años después.
Y todo parte de una misma idea: no hay un único tipo de noche, porque tampoco hay un único tipo de público.Y algo muy positivo: la convivencia con los vecinos, tradicional campo de batalla, también se gestiona ahora con otra mentalidad.
Aislamiento, control de ruido, seguridad privada y colaboración con el Ayuntamiento dibujan un escenario donde la ciudad viva debe convivir con la ciudad que descansa.
¿Hacia dónde va todo esto? Hacia más experiencias, más diferenciación y más perfiles diversos —incluidos quienes no consumen alcohol—. “Lo que no tendrá cabida es un modelo plano, sin alma”, sostiene Raúl.
Cuando se le pide que defina la noche granadina en una sola palabra, no duda: encanto.
Ese algo intangible que hace que cada persona salga por un motivo distinto —desconectar, flirtear, celebrar, reír, dejarse llevar—, pero que todos regresen con la sensación de haber vivido un momento único.
Granada ha cambiado. Sí. Pero sigue teniendo esa capacidad —rara y valiosa— de mezclarse con quien la pisa y convertir la salida en experiencia. Ese es su verdadero sello. Y sigue intacto.

