El fin de semana grande de la Cuaresma ha dejado en Granada una sucesión de estampas que reafirman el pulso cofrade de la ciudad y ese orgullo sereno —tan nuestro— de sabernos herederos de una tradición centenaria que no deja de crecer. Y es que, no hay que irse fuera para disfrutar.

Un Vía Crucis oficial para la memoria
El Vía Crucis oficial volvió a reunir a cientos de fieles en torno a dos imágenes que, este año, han querido rememorar el centenario del rezo que cada Viernes Santo se celebra en el Campo del Príncipe. Cien años contemplando el misterio de la Cruz bajo el cielo del Realejo, cien años de silencio roto solo por la oración y la llamada del cornetín.
Las sagradas imágenes avanzaron con sobriedad, envueltas en un recogimiento que traspasaba lo meramente estético. Las andas, exornadas con elegancia clásica, parecían dialogar con la historia de ese enclave tan granadino, donde generaciones enteras han aprendido a rezar ante el Crucificado. La ciudad, una vez más, respondió con respeto y devoción, consciente de estar participando en un capítulo más de una historia que forma parte de su identidad.
La cantera cofrade toma las calles
El futuro también se hizo presente con dos procesiones infantiles que llenaron de alegría distintos barrios. El Divino Redentor, de la cofradía de la Soledad de San Jerónimo, y el Niño Jesús de hermandad de la Esperanza. Costaleros que apenas levantan unos palmos del suelo y cuadrillas formadas por niños ya mayores que ven su paso por el faldón infantil como el previo a integrarse en las ya asentadas de cualquier hermandad de la capital, demostraron que la pasión cofrade no entiende de edades. Las familias acompañaban emocionadas, sabiendo que en esos pasos menudos late la Granada cofrade de mañana. Porque aquí la Semana Santa no se hereda solo por tradición: se aprende, se vive y se transmite desde la infancia.
Traslado histórico del Señor de las Tres Caídas
Uno de los momentos más intensos del fin de semana fue el traslado del Señor de las Tres Caídas desde el Albaicín hasta el Realejo. La imagen de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, titular de la Venerable Hermandad del mismo nombre, descendió desde su barrio blanco, cruzando calles empinadas y miradores, para buscar el corazón cofrade del centro histórico. El Señor, en su camino hacia Santo Domingo, entró en el concepto de las Carmelitas Descalzas, sede de la hermandad de Jesús Nazareno, una corporación que está conmemorando los trescientos años de la canonización y los cien como Doctor de la Iglesia de San Juan de la Cruz, artífice de la devoción al Nazareno en Granada.
A su llegada al Realejo, el barrio lo recibió como se recibe a lo propio: con devoción sincera y orgullo compartido. Fue un traslado que unió dos barrios emblemáticos bajo una misma fe, recordándonos que Granada es una sola cuando se trata de sus Sagrados Titulares.
Quinarios y triduos: Cuaresma en estado puro

Mientras tanto, los templos de la ciudad han lucido estos días algunos de los altares de quinario y triduo más cuidados que se recuerdan. Candelabros rebosantes, doseles bordados, flores escogidas con mimo y una disposición artística que convierte cada presbiterio en una auténtica catequesis visual. Visitar este fin de semana los templos sedes de las cofradías de la SantaCena, el Despojado, el Nazareno, el Vía Crucis o el Silencio ha sido un precioso ejercicio de deleite para los sentidos.
Las hermandades han sabido conjugar tradición y creatividad, ofreciendo montajes que invitan a la oración y al recogimiento. Cada altar es una declaración de amor a sus titulares y una muestra del nivel artístico y devocional que atesoran nuestras cofradías.
Granada, en este fin de semana cuaresmal, ha vuelto a demostrar que vive su Semana Santa con intensidad, elegancia y una personalidad inconfundible. Aquí la fe se hace calle, barrio y memoria. Y este fin de semana ha sido la prueba palpable de que, a las puertas de un nuevo Domingo de Ramos, la ciudad late ya al compás de sus tambores y de su historia.

