Hay frases que llevamos escuchando toda la vida en Granada.
Frases que se repiten en bares, taxis, reuniones de empresa y hasta en los pasillos de las instituciones.
Frases que se han convertido en una especie de mantra derrotista:
“Tenemos lo que nos merecemos”.
“Es que somos lo que somos”.
Y lo peor no es escucharlas: lo peor es que nos las estamos creyendo.
Granada es una de las ciudades más hermosas de Europa, con talento en cada esquina, con historia, ciencia, empresas, deporte, gastronomía y cultura para presumir durante tres vidas.
Pero parecemos empeñados en describirnos siempre con la misma muletilla amarga: “Aquí no avanzamos porque la gente es como es. Tenemos mucha envidia”.
Como si la envidia fuese un gen.
Como si estuviera en el ADN granadino.
Como si no hubiera alternativa.
Ese discurso nos ha hecho daño.
Mucho.
Cada vez que repetimos esas frases, no solo nos resignamos… nos rebajamos.
Las asumimos como verdad absoluta:
“Granada no despega porque aquí nos pisamos”.
“Aquí nadie deja crecer al de al lado”.
“Es que en Granada somos muy nuestros”.
Y claro, si lo repites suficiente, te lo crees.
Y si te lo crees, te acomodas.
Y cuando una ciudad se acomoda, la marca de esa ciudad se devalúa.
Porque no hay nada que desgaste más a un territorio que la falta de ambición camuflada en frases hechas.
Cada año se nos van jóvenes brillantes, investigadores, emprendedores, deportistas, creativos… y muchos de ellos coinciden en algo:
“En Granada cuesta más que te valoren que fuera”.
Y esto no es un ataque a nadie. Es un espejo.
Uno que llevamos décadas evitando mirar.
Granada no es la envidia.
Granada es la Alhambra, el PTS, el talento, y la cultura.
Granada no es la frase fácil del bar.
No es el “tenemos lo que nos merecemos».
No es la queja constante ni el conformismo heredado.
Granada es una ciudad con posibilidades gigantes, pero con una costumbre peligrosa: creer que aspirar a más es un capricho.
Necesitamos cambiar el discurso.
Cambiar el chip.
Cambiar la historia que nos hemos tragado durante años.
Porque la marca GRANADA no se construye quejándose
Se construye emprendiendo sin esperar el permiso de nadie.
Se construye apoyando a quienes destacan, en vez de buscarles las costuras, empezando por las instituciones públicas que te pisan si no les eres de su agrado.
Se construye colaborando, que es lo que hacen las ciudades que crecen.
Creyendo que somos más de lo que repetimos.
Defendiendo lo nuestro con orgullo y sin complejos.
Granada tiene todos los ingredientes para ser referente en ciencia, turismo, deporte, tecnología, cultura y empresa.
Lo único que falta es lo que realmente importa:
creérnoslo.
Ya está bien del “somos lo que somos”.
Somos mucho más.
Somos talento, historia y futuro.
Somos una ciudad increíble esperando dejar de pedir perdón por serlo.
Granada está cansada de ese discurso viejo, triste y pequeño.
Granada quiere otra cosa: ambición.
Y eso empieza por dejar de repetir las frases que nos encadenan y empezar a decir en voz alta lo que de verdad somos:
Una ciudad que lo tiene todo para ser grande.
Y que ya no piensa aceptar menos.

