En los últimos meses, el debate sobre la Capital Europea de la Cultura 2031 ha ocupado titulares, cafés y tertulias. La pregunta que sobrevuela la conversación es evidente: ¿qué ocurrirá si Granada no logra finalmente este reconocimiento?
Desde GRXactualidad proponemos mirar la cuestión desde otra perspectiva: la grandeza de una ciudad no depende de un título, sino de su proyecto colectivo. Y en eso, Granada tiene hoy una oportunidad histórica.
Más que preguntarnos qué pasará si no somos capital cultural, deberíamos centrarnos en una cuestión mucho más transformadora: ¿Qué debemos hacer política, social y económicamente para que Granada demuestre su verdadero potencial a España y al mundo?
Si algo ha frenado el progreso de Granada durante décadas no han sido las ideas, sino la falta de continuidad. Las ciudades que han experimentado grandes saltos (Bilbao, Málaga, Valencia), lo hicieron gracias a una visión compartida más allá de las siglas.
Granada necesita un Pacto por la Granada Cultural y Creativa 2031, un compromiso institucional estable que desarrolle un plan estratégico con horizonte de 10 años, proteja las decisiones estratégicas y culturales de los vaivenes electorales, que impulse un distrito cultural permanente y no una operación efímera vinculada a un concurso y que refuerce la imagen de Granada como ciudad de ciencia, arte, patrimonio y talento joven.
Una capitalidad cultural no se gana en un despacho: se construye desde la coherencia y la altura de miras.
Granada posee un patrimonio cultural y simbólico que cualquier ciudad del mundo envidiaría. Pero ese valor solo se multiplica si se convierte en orgullo colectivo.
La cultura no puede quedarse en los grandes equipamientos; debe llegar a los barrios, a los colegios, a los espacios abiertos, a la vida cotidiana.
Para ello, resulta imprescindible impulsar proyectos culturales de base, donde la ciudadanía tenga un papel activo, facilitar la creación artística joven y poner en valor el talento local, fomentar espacios culturales flexibles que permitan experimentar, crear y emprender y, al mismo tiempo, generar una narrativa común que supere el pesimismo histórico y refuerce la confianza en nuestras posibilidades.
Granada será una referencia internacional si antes es una referencia para su propia gente.
La cultura no es un gasto: es una industria limpia, innovadora y altamente competitiva. Granada tiene los ingredientes para convertirse en un hub creativo y tecnológico del sur de Europa, pero necesita acelerar su paso.
Las claves pasan por incentivar la implantación de empresas culturales, tecnológicas y de contenidos digitales. Tenemos que ser capaces de atraer rodajes, congresos internacionales, festivales y proyectos de innovación creativa.
Debemos seguir reforzando las alianzas público-privadas que permitan invertir en cultura con visión empresarial.
Y por supuesto debemos aprovechar la fuerza combinada de la Universidad de Granada, el Parque Tecnológico de la Salud, el talento joven y nuestro patrimonio histórico.
Una economía cultural fuerte posiciona a Granada más allá de los ciclos políticos y más allá de un reconocimiento concreto.
Sea o no elegida Capital Europea de la Cultura, Granada ya tiene la capacidad, la historia y el talento para liderar un proyecto cultural de impacto internacional.
El verdadero reto no es obtener un título, sino construir una ciudad que piense en grande, que actúe con ambición y que sume voluntades de todos los sectores.
Granada no debe pedir permiso para destacar: debe decidir, simplemente, que ha llegado su momento.
En 2031, con o sin capitalidad, lo que el mundo debe ver es una Granada coherente, moderna, culturalmente activa y económicamente dinámica. Una Granada que inspire. Una Granada que avance.
Una Granada que, finalmente, ocupe el lugar que le corresponde.

