Investigadores de la Universidad de Granada y del Hospital Monte Sinaí de Nueva York han creado una innovadora sonda luminiscente, denominada ‘GLed’, capaz de medir en tiempo real y con una precisión sin precedentes la actividad del sistema inmunológico.
Esta herramienta permite visualizar el nivel de actividad de las células T humanas —clave en la respuesta inmune— y ofrece a los profesionales médicos la posibilidad de predecir la reacción de un paciente, ajustar las dosis de inmunosupresores y personalizar tratamientos contra el cáncer o en trasplantes de órganos.
El hallazgo, publicado en la revista interdisciplinar Advanced Science, abre nuevas posibilidades en el seguimiento funcional y el diseño de terapias individualizadas.
Una “baliza molecular” que se enciende y apaga en directo
El avance forma parte del proyecto ‘PoTraSens – Detección de modificaciones post-traduccionales en células T. Hacia nuevas aplicaciones en inmunología’ (PID2023-148243OBI00), financiado por la Agencia Española de Investigación dentro del Plan Nacional de I+D+i. Su objetivo es dar respuesta a uno de los grandes retos de la inmunología moderna: la ausencia de métodos fiables para medir de forma directa el grado real de inmunosupresión o la intensidad de la respuesta inmune en cada paciente.
La sonda ‘GLed’ funciona como una “baliza molecular”: se ilumina al detectar dentro de las células la presencia de glutatión, una molécula antioxidante esencial y marcador clave de la actividad celular, especialmente en situaciones de estrés.
Su diseño destaca por tres características únicas:
- Alta sensibilidad.
- Respuesta inmediata.
- Reversibilidad.
Esto último significa que la sonda no solo se enciende, sino que también se apaga dinámicamente, lo que permite monitorizar los cambios en la actividad de las células inmunes en directo y con una resolución ultrarrápida, algo imposible con las técnicas previas.
Cómo se activa el glutatión en las células T
Los investigadores utilizaron la sonda ‘GLed’ para desentrañar cómo regulan las células T la producción de glutatión cuando se activan.
Los resultados demostraron que la enzima GCL es la responsable exclusiva de generar este compuesto en las células T humanas activadas.
Además, confirmaron que, si se bloquea la actividad de esta enzima, las células T pierden la capacidad de cumplir funciones esenciales como multiplicarse para atacar una amenaza o liberar moléculas inflamatorias.
Medir el efecto real de los inmunosupresores
Una de las aplicaciones más inmediatas de la sonda ha sido evaluar el impacto de fármacos inmunosupresores comunes, como la prednisona o el tacrolimus, empleados habitualmente para evitar el rechazo en trasplantes de órganos.
El estudio mostró que estos medicamentos reducen la actividad de la enzima GCL, y que este descenso se correlaciona directamente con el grado de inmunosupresión celular.
Por primera vez, es posible medir de forma directa y funcional el nivel real de supresión del sistema inmune, lo que abre la puerta a ajustar las dosis de forma personalizada en cada paciente.
Hacia una nueva medicina de precisión
La sonda ‘GLed’ se perfila como una herramienta pionera para la investigación básica, al permitir estudiar con un nivel de detalle inédito el papel del glutatión en procesos inmunológicos, inflamatorios y tumorales.
A largo plazo, su implementación en la práctica clínica podría revolucionar el seguimiento de pacientes y el desarrollo de terapias personalizadas contra el cáncer, las enfermedades autoinmunes y en el ámbito de los trasplantes.
Un esfuerzo internacional
El proyecto es fruto de una colaboración multidisciplinar liderada por el Laboratorio Singular Nanoscopy-UGR de la Universidad de Granada y los grupos de los doctores Francisco Fueyo-González y Miguel Fribourg en la Escuela Icahn de Medicina del Hospital Monte Sinaí de Nueva York.
Por parte de la UGR han participado los investigadores Carmen Salto Girón, José M. Paredes, Ángel Orte y Juan Antonio González Vera, junto con Rafael Salto (Departamento de Bioquímica y Biología Molecular II). Desde Nueva York han contribuido Mehek Ningoo y Laura Espinar Barranco, además de Rosario Herranz, del Instituto de Química Médica del CSIC.

