Carlos Alcaraz lo ha vuelto a hacer. Y esta vez con una dosis extra de épica que recuerda cada vez más al Rafa Nadal más arrollador. Y eso es mucho decir. De otra forma no se explica que durante más de dos horas parecía que la final de Roland Garros se le escapaba entre los dedos. Pero, entonces, apareció lo que solo tienen los grandes: la determinación. Una fe ciega en uno mismo y esa capacidad de sufrir hasta que al otro lado de la pista solo queda la rendición del adversario. Y, por supuesto, la ovación del público.
Porque lo que ocurrió ayer en París fue una lección de tenis, sí, pero también de vida… y de política. Unas horas antes de que comenzara la final contra Sinner, en la Plaza de España de Madrid, otro español había decidido que rendirse no era una opción. Alberto Núñez Feijóo congregó a más de 100.000 personas en una manifestación que no fue un simple acto político. Fue un mensaje, un grito sereno que podría resumirte en esta frase:
“Aquí estamos. Aquí seguiremos. Y no nos vamos a ir”.
Como Alcaraz en París, Feijóo ha escuchado más de una vez que lo tiene todo en contra. Pero como el tenista murciano, ha preferido no mirar el marcador, sino la línea de fondo. Ha aguantado los sets duros, los errores no forzados y los golpes bajos. Y cuando muchos habrían optado por abandonar la pista, él ha seguido jugando. Punto a punto. Paso a paso.
Feijóo no es de grandes alardes. No levanta el puño al cielo ni golpea la mesa. Pero sabe lo que quiere. Y eso, en política, es mucho. En este convulso tiempo político en el que parece más importante el ruido y el tacticismo, la constancia es un valor revolucionario. Como en el tenis, lo importante no es ganar todos los juegos, sino tener claro el partido que se quiere jugar.
Alcaraz levantó ayer su segundo Roland Garros. Una victoria forjada en la cabeza más que en el brazo. Con estrategia, con corazón y con hambre. Y en Madrid, Feijóo recordó a muchos por qué sigue siendo un referente para buena parte de los españoles. Porque hay políticos que saben esperar su momento, pero nunca dejan de prepararse para él.
Ni el tenis ni la política son para los impacientes. Quien lo quiera todo ya, probablemente lo pierda todo mañana. Pero quien entienda que resistir también es una forma de avanzar, está mucho más cerca de la victoria. Carlos Alcaraz lo sabe. Y Alberto Núñez Feijóo, también.

