Puede que a algunos les haya sorprendido. Puede que a otros les haya hecho dudar. Pero lo que está ocurriendo en el Covirán Granada en estos días no es una crisis, sino una oportunidad histórica. Porque no se trata sólo de cambiar de entrenador, ni de resultados en la tabla: se trata de mentalidad. Y la mentalidad se contagia, se siente… y se impulsa desde la grada hasta la pista.
El club ha apostado por Arturo Ruiz, un hombre de casa, técnico formado en nuestra ciudad y conocedor de nuestra historia y nuestras peculiaridades, para tomar las riendas. No es un fichaje de relumbrón al uso. Es una apuesta de convicción, de conocimiento profundo, y también de valentía. Porque aquí no valen las frases de consuelo, ni los elogios vacíos: aquí vale el trabajo, el compromiso y el hambre por defender nuestros colores.
Pero si algo marca la diferencia entre sobrevivir y florecer, entre luchar por salvar la categoría o resignarse a bajar la mirada, es la mentalidad colectiva. Ya no basta con que los jugadores crean. Ya no es suficiente con que el cuerpo técnico trabaje con intensidad. Los aficionados tenemos un papel que jugar —y es tan decisivo como cualquier entrenador o fichaje.
El llamado body language —ese lenguaje físico que expresa confianza, energía y actitud— no es un detalle menor. Es el reflejo externo de lo que hay dentro: coraje, unidad, fe. Un equipo levanta la cabeza cuando ve que su gente no se rinde, no se queja y no da por perdido nada hasta que suene la bocina final.
Un jugador puede tener dudas… pero si escucha una grada rugiendo por cada rebote, cada saque y cada defensa, esas dudas se desvanecen. Un banquillo puede mirar de reojo a la clasificación… pero si siente que la afición está con él más allá del marcador, ese banquillo se erige en muro. La energía que nace en las gradas viaja hasta la cancha, y cambia partidos.
Estamos ante un momento crucial. Un punto de inflexión. El cambio de entrenador —la vuelta a un hombre de la casa con hambre de crecimiento— no es un paso atrás, sino un paso firme hacia adelante. Porque las grandes gestas no las firman los nombres, sino los corazones que laten al unísono.
Querida afición del Covirán Granada, te hablo a ti: No bajes los brazos cuando falten 5 minutos. No silencies a tu equipo cuando la dificultad apriete. No permitas que la grada sea un lugar tibio: haz que sea insoportable para el rival y reconfortante para el nuestro.
Si queremos permanecer en la ACB, no será por casualidad: será porque fuimos una afición insoportablemente optimista, porque gritamos cada balón dividido, porque hicimos sentir a cada jugador que no está solo en esta lucha.
La mentalidad no es un término vacío. Es actitud, sonido, presencia, fe inquebrantable.
Este no es un cambio más. Es una revolución interna. Y tú, desde tu asiento, puedes encenderla.

