Hay un momento del año en el que Granada se detiene. No es un pleno municipal ni un gran anuncio económico: es el instante en el que la ciudad se enciende. Cuando las luces de Navidad iluminan las calles, algo ocurre en nosotros. Nos sentimos parte de un proyecto común, vemos más claro el camino, y por unas semanas creemos, por fin, que Granada puede aspirar a más.
Este sábado vivimos nuestro encendido de este 2025 que ya huele a despedida. Y hoy hemos vivido la presentación de los presupuestos del próximo 2026 que ya está perfectamente colocado para ver la luz.
Quizá ahí esté la metáfora perfecta para entender cómo debería funcionar la presentación de unos presupuestos municipales: como un buen encendido navideño.
Porque unas luces no se improvisan. Requieren diseño, previsión, pruebas, revisar dónde colocar cada elemento, medir el impacto, anticipar los puntos oscuros. Justo lo que se espera del presupuesto de cualquier ciudad o de cualquier empresa que quiera crecer con rigor.
Granada, como cualquier organización compleja, necesita presupuestos que no solo cuadren, sino que ilusionen. Que no solo ordenen los gastos, sino que activen la economía, la cultura, el turismo y la vida diaria de sus barrios. Que no solo respondan a las urgencias, sino a una visión de futuro sostenida.
Y en este punto conviene decirlo con claridad: el actual equipo de gobierno, con Marifrán Carazo al frente, ha demostrado algo que en el mundo empresarial es básico: que para dirigir bien hay que escuchar, planificar y ejecutar con coherencia. Puede gustar más o menos el estilo, pero la ciudad necesitaba una dirección que dejara de mirar al retrovisor y empezara a encender luces, no a apagarlas.
Cualquier consejo de dirección sabe que los presupuestos no son un trámite: son la hoja de ruta que marca qué empresa seremos el próximo año. En el ámbito municipal ocurre lo mismo. Unos presupuestos deben responder a tres preguntas esenciales.
¿Qué queremos que Granada sea en los próximos tres años?
¿Qué recursos necesitamos para impulsarlo?
¿Qué decisiones priorizamos para que la ciudad avance y no se estanque?
Y aquí es donde la comparación con el encendido navideño vuelve a tener sentido.
Las luces funcionan porque cada bombilla sabe dónde va. No hay improvisación. Tampoco debería haberla en la asignación presupuestaria: infraestructura donde toca, movilidad pensada con datos, inversión social eficiente, cultura que multiplique, turismo que ordene y no desborde.
Granada no puede seguir confiándolo todo al “ya veremos”. Ni a los viejos mantras de “es que aquí siempre ha sido así”. Una ciudad moderna exige método. Y lo cierto es que el Ayuntamiento ha empezado a aplicar una lógica más empresarial, más estratégica, más realista.
¿Crítica? Siempre. ¿Exigencia? Más.
Pero por primera vez en tiempo, hay una alineación entre objetivos, planificación y ejecución. Y eso, para Granada, ya es una luz encendida.
El encendido navideño no es solo un gesto simbólico: es un acto de decisión. Se elige una fecha, un diseño, un mensaje. Lo mismo ocurre con los presupuestos: decidir qué se financia y qué no, qué se prioriza y qué se pospone, qué se cuida y qué se corrige.
Granada necesita muchas cosas: Menos ruido político y más visión de ciudad, menos nostalgias y más estrategias, menos quejas y más proyectos que generen empleo y oportunidad.
Y en ese camino, el equipo que lidera la ciudad ha entendido algo esencial: las decisiones difíciles también iluminan, incluso cuando generan debate. Granada no puede conformarse con sobrevivir; tiene que prepararse para competir más de lo que lo está haciendo. Para atraer inversión, talento, grandes eventos, industria creativa, innovación y un turismo más equilibrado.
Y eso solo se hace con presupuestos serios, como los que se han presentado hoy, con mirada larga y con voluntad de rendir cuentas.
Cuando Granada se ilumina, nos vemos mejor. Y quizá ese debería ser el verdadero propósito de un presupuesto municipal: ayudarnos a ver la ciudad que podemos llegar a ser si hacemos las cosas con rigor, estabilidad y ambición.
En el mundo empresarial es evidente: una compañía que no planifica, naufraga. Una ciudad que no define su rumbo, también.
Granada está ante una oportunidad. Y aunque siempre habrá sombras, como en cualquier instalación de luces, también hay señales claras de que se está ordenando el camino. Falta mucho. Se puede mejorar mucho. Pero el rumbo empieza a parecerse más al de una ciudad que quiere prosperar, no al de una que se resigna.
En definitiva, unos buenos presupuestos deberían ser como ese instante mágico del encendido navideño:
una invitación a creer, a avanzar, a coordinar esfuerzos y a mirar el futuro con algo más que esperanza: con estrategia.
Y si Granada consigue eso, entonces sí: habremos encendido algo más que unas luces. Habrán encendido una ciudad.
Que tengas un día cojonudo.

