Cerramos el año 2025 en casa. Aún nos queda un último partido frente a La Laguna Tenerife antes de despedir este fatídico año, pero la sensación de «fin de etapa» ya sobrevuela el Palacio.
Son las 1:57 de la madrugada del 28 de diciembre. Hace cuatro horas que acabó el partido y aquí sigo, dando vueltas a qué contaros después de haber hablado con muchos de vosotros. Vamos allá.
Como os decía, se acaba un año para olvidar. Nos visitaba el UCAM Murcia, segundo en la clasificación y eufórico tras ganar al Valencia Basket. El partido empezaba a las 20:00, pero la batalla comenzó a las 18:00 en la calle. Cerca de 100 murcianos recibieron a su autobús con bufandas, cánticos y bengalas. Nos ganaban por fuera antes de empezar. Además, el ambiente en redes sociales el día anterior era de puro pesimismo: «UCAM es más fuerte», «tienen un equipazo», «vamos a perder».
A las 18:50 se abrieron las puertas y el ambiente era distinto. Las colas estaban llenas de afición visitante y, por primera vez en mucho tiempo, vi a la Policía Nacional con cascos, listos para intervenir si era necesario. A las 19:00, hordas de murcianos entraron dispuestos a darlo todo.
Al saludar a conocidos de X (Twitter), la mayoría coincidía: era imposible ganar. Incluso se reían cuando les decía que yo notaba algo diferente, que sentía que Jassel Pérez la podía liar y que podíamos dar la sorpresa.
El rugido del Palacio y el efecto Jassel
A las 20:00 el Palacio ya era un hervidero. Murcia puso una marcha más con un 3-11 de inicio. A mi alrededor el comentario era el mismo: «Lo normal, nos van a dar fuerte». Pero equipo y afición se vinieron arriba. Con un parcial de 9-0 nos colocamos 12-11 y entonces entró el «Rey del Pop» , Jassel Pérez.

Está claro que Ramón confía plenamente en él. En el último ataque del cuarto, Ramón pidió a Rousselle que le diera el balón a Jassel y que el resto abriera el campo. Jassel, sin vergüenza ninguna, se lanzó hacia la canasta contra un Sant-Roos que poco pudo hacer. El cristobalense se metió al público en el bolsillo con esa primera canasta. No nos lo creíamos; habíamos aguantado el primer asalto frente al todopoderoso UCAM.
En el segundo cuarto, Jassel siguió cumpliendo mi profecía: él y Matt Thomas mantuvieron al equipo enchufado para irnos al descanso dos arriba. Las sensaciones eran inmejorables: defensa fuerte y una revolución llamada Jassel.
La desconexión final
El tercer cuarto fue un sueño durante muchos minutos. Un parcial de 15-3 nos puso 51-44. La defensa de Howard sobre DeJulius funcionaba y la grada rugía. A falta de 1:40 para terminar el cuarto, mandábamos 63-52. Pero esto es la ACB y ellos son el UCAM. En apenas 80 segundos pasamos de un +11 a un +1 (63-62). Al final, un pequeño respiro nos dejó 65-62 para afrontar el último asalto.
A falta de 6 minutos, el marcador dictaba un 74-66. Lo teníamos en la mano. El Palacio estaba incrédulo: ¡íbamos a ganar a un grande otra vez! Pero entonces, UCAM sacó su mejor arma: la defensa física. nos asfixiaron. Las malas decisiones en ataque y los tiros precipitados de Coviran y Sant-Roos y Cacok por parte de UCAM hicieron el resto. Cuando Murcia se puso por delante, el Palacio pareció congelarse. Un silencio sepulcral solo roto por los gritos de la marea roja visitante.
Tensión en la grada: El factor Rousselle
Al final, el detalle amargo: un aficionado mostró una pancarta que decía «1-10, ¿para cuándo un nuevo entrenador?». Rousselle se volvió y le recriminó la acción. Es cierto que los jugadores deben aceptar la crítica y que el aficionado que paga tiene derecho a opinar, pero los nervios, la frustración de una derrota tan ajustada y el deseo de defender a su técnico hicieron que saltara.
Este gesto me dice dos cosas:
1.- Los jugadores creen a muerte en el proyecto y defienden a su entrenador.
2.- La afición está agotada de luchar para acabar perdiendo.
He hablado con muchos de vosotros en X y mantengo mi postura: no podemos pelearnos entre nosotros. Eso solo nos hundirá más. Críticas constructivas con respeto y apoyos sin censurar al que se queja. Pero, sobre todo, unidad.
El «año maldito» terminó en el Palacio. Ahora, a por Tenerife y a recibir el 2026 con la energía de Amar Alibegovic. Necesitamos ese nuevo punch. Porque, a pesar de todo, JUNTOS SOMOS MÁS FUERTES

