El gigante blanco llega a Granada, el gigante blanco por su presupuesto, por sus jugadores, entrenador, staff. Con su propio canal de televisión, llegaron a nuestra casa, a nuestro Palacio, con esa vitola de campeón que no pueden evitar.
Allí estaba nuestro club, los aficionados, los periodistas… esperándolos, deseando ver a estos grandes jugadores, de disfrutar de buen baloncesto, baloncesto nivel EuroLeague en nuestro pequeño Palacio.
¿Y hoy qué? ¿La liamos como contra Valencia? Es muy complicado hacer esa proeza otra vez…
Hablando con los periodistas, un gran sabio me comentaba:
Hoy perdemos de 8 o 10, vamos a luchar, eso seguro. Ojalá, Víctor, ojalá solo sean 8 o 10, aunque mira, contra Valencia…
Y todo estaba ya preparado para la batalla en el Palacio. Todo no, aún quedaba un pequeño detalle antes de la batalla… PERDÓN, dije pequeño, corrijo. Todo no, aún quedaba un pequeño GRANDÍSIMO detalle antes de la batalla. El homenaje a una pedazo de deportista como es María Pérez García, doble medallista mundialista este año en 20 y 35 km marcha en Tokio y para la que los aficionados granadinos pedimos el premio más que merecido de Princesa de Asturias para ella.
Pero sigamos a lo que íbamos, nuestro partido.
Ya verás como hoy Kramer la lía. David vs. Goliat. David Kramer.
Se han quedado fuera Campazzo y Gaby Deck, pero es que da igual quién se quede fuera en esta plantilla. Y sale el quinteto inicial, y vemos a: Theo Maledon, Chuma Okeke, David Kramer, Mario Hezonja y Edy Tavares.
Es que realmente da igual a quién saques. ¡Madre mía, Tavares! ¡Es enorme! Pues yo me hice una foto con Tavares el año pasado y le llegaba por la cintura.
Edy Tavares, el gigante de los blancos, ¡cómo impone! Pero nosotros tenemos a: Lluís Costa, Matt Thomas, Elias Valtonen, Zach Hankins y Luka Božić. Nuestros pequeños guerreros, nuestros luchadores arropados por 7727 seguidores dispuestos a dejarse la garganta para que no se hunda nadie.
Primer cuarto: Intercambio de golpes
Como dos gladiadores saltaron a la cancha los dos equipos en un intercambio de canastas. Maledon dirigiendo con una calma insultante, Okeke machacando cerca del aro y cada vez que la cogía debajo de aros Edy Tavares era como si jugara yo contra niños chicos. Pero el Covirán no se arrugó.
A falta de 4:41 para el final y con 10-17 en el marcador y después de un triple de Chuma Okeke, aparece como en el partido contra Valencia el mago, Lluís Costa. Bota, pasa la mitad del campo, bloqueo de Zach, y triple de Costa.
¿Repetimos la jugada? Repetimos… Lluís Costa bota, bloqueo de Zach, y triple de Costa. 16-19 en el marcador.
¿Repetimos la jugada? ¡Ey! Esto ya lo dije antes…. Repetimos… Lluís Costa bota, bloqueo de Tunde, y triple de Costa. 19-19 en el marcador.
La grada explotaba, porque Costa y Kljajic estaban a un nivel altísimo. Cerramos el primer asalto 29-31. Estábamos ahí.
Sabes qué pasa, que a intercambio de golpes no podemos ganarle al Real Madrid. ¿Pero recuerdas el partido contra Valencia? Tres triples de Costa en un minuto. Se repite la historia, ¡nada puede salir mal!
La estocada y el rugido de la remontada
El segundo cuarto nos recordó quiénes eran. El Madrid, sin hacer ruido, metió la directa y no quería que el público se divirtiera. Para eso estaba allí Trey Lyles, que después de meter un triple nos mandaba callar. Pues técnica que le cae por su gesto. Aunque habían pasado 5 minutos del segundo cuarto y continuábamos aguantando el intercambio de golpes, incluso nos poníamos delante de ellos: 43-42. Pero como os decía, ellos seguían a lo suyo, sin que se notara: 2 triples, 2 de dos y 4 tiros libres. Parcial 5-16 para terminar el cuarto y descanso.
Pero nuestro equipo ha cambiado, tiene algo distinto. No sé si es la llegada de Lluís Costa, el revulsivo, o la mejoría de Zach Hankins que está entrenando muy bien, en silencio, trabajando duro día tras día. En el tercer cuarto, el espíritu que nos hizo ganar al Valencia revivió.
Matt Thomas se puso la capa de anotador y Hankins luchó como un titán en la pintura, haciendo un destrozo a la defensa blanca antes de la entrada de Tavares. Y lo que es más importante: el Palacio se activó.
Vimos un parcial de 15-4 que no se le hace a este Madrid todos los días. La grada se venía arriba con cada posesión, y logramos que Sergio Scariolo se desesperara. Con una técnica al banquillo y otra para Sergio. 79-78 acababa el tercer cuarto.
¡Lo tenemos, lo tenemos! ¡Están temblando! Se repite la historia contra Valencia. Aún quedan 10 minutos… Scariolo está atacado.
La sentencia del Croata
Se entró en el último cuarto y la épica siguió, pero el baloncesto tiene una cosa que se llama talento en el fondo de armario. Y el Madrid tiene a Mario Hezonja.
El croata, con esa facilidad para anotar en momentos clave, se convirtió en nuestro verdugo. Cada vez que el Covirán se acercaba (un triple de Burjanadze y otro de Thomas nos puso 91-93), «Súper Mario» respondía con un triple o un 2+1. Metió 14 puntos en el último cuarto, apagando cada chispa de esperanza de la grada. Era un jarro de agua fría constante, un recordatorio brutal de la diferencia entre el talento de élite y nuestra lucha.
El final fue un acto de nobleza. Perdimos 100-111, pero la derrota no dolió como otras. Dolió el resultado, claro, pero no el esfuerzo. Hemos metido 100 puntos al Madrid, hemos remontado 14, y hemos competido hasta que el campeón dijo basta.
Al salir, la gente no hablaba de la derrota, sino de la «pelea». Hemos perdido la batalla, pero hemos ganado en dignidad. El Palacio ha rugido como nunca, y eso, para la Marea Rojinegra, es una victoria moral.
Próximo capítulo: Capítulo V: Salir del Laberinto (vs. Casademont Zaragoza)

